No deja de sorprenderme, de golpearme, de dolerme
La excesiva necesidad que el mundo tiene de Dios.
Y me duele el alma cuando veo el dolor, sobretodo, el de aquellos a los que amo, y a los que no puedo ayudar ni aliviar.
Me duele el alma al ver como la gente que tiene todo para ser feliz, que conoce a Cristo, sigue caminando en rutas que no lo consideran.
Y después se quejan de que no lo ven, que Él no se manifiesta, que no lo sienten cerca, interesados en sus vidas.
¿Cómo puede ser esto?
¿Cómo estamos fallando en este aspecto como Iglesia, como cuerpo de Cristo?
(no pensemos en la Institución y no me vengan con el cuento de los curas, que no es mi tema)
Mi tema es el amor.
La manifestación del Espíritu.
Me conmueve ver como las malas decisiones llevan a una vida alejados de Dios.
Enojados con Él.
Criticándole a tal grado.
Dándole la espalda, dejando de buscarle y más encima reclamándole.
Dios, ten misericordia.
Toca las vidas y los corazones.
Para ti no hay imposibles.
Tú derribas todos los prejuicios, las teorías, las ideologías, las barreras humanas.
Yo no tengo más que ese tipo de respuestas.
Las humanas.
Pero tú obrarás de modos que no nos imaginamos.
Tú tratas con tus hijos de formas que no pensamos, no entendemos.
Y no me queda más que confiar en que, a pesar de todo, aún somos tus hijos.
Que no importa cuanto reclamemos ni cuánto intentemos zafarnos, Tú siempre nos tienes en el hueco de tu mano.
No nos dejas ir.
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